En 1931, a la edad de 14 años, Manuel Gómez Uría llegó a la Argentina junto a su familia huyendo de la pobreza reinante en Europa y en busca del futuro que prometía ésta tierra llena de oportunidades.
En el 38 hizo lo propio Josefa Monteserín y su familia, en este caso espantados por lo terrible de la guerra civil que puso en peligro la vida de su padre perseguido por las fuerzas Franquistas.
Ambos llegaron desde el norte de España, casualmente de dos pueblos rurales distantes uno del otro a escasos kilómetros.
Se conocieron siendo niños en alguna fiesta popular, de las que abundan en España, y no volvieron a verse hasta que coincidieron en un baile del Centro Asturiano de Rosario (Argentina) en 1939. Allí Manuel vio a esa joven y quedo prendado. Lo que motivó que Josefa, quién se encontraba con su hermana Concepción, comentara: “mira ese estúpido como me mira!”. A pesar del inicio poco prometedor, la relación prosperó y, luego de un noviazgo de 2 años, se casaron en 1942.
En 1948, Manuel Gómez Uría, su esposa Josefa y sus hijas María Cristina e Isabel, llegaron a La Falda en busca del futuro que se les venía negando desde su Asturias natal.
Comenzaron alquilando una pequeña hostería llamada “El Gallo Negro” con sólo 8 habitaciones y 3 baños.
Todo era trabajo y más trabajo. Eran sólo ellos dos para todos los quehaceres que requería la hostería. Josefa se levantaba a las cinco de la mañana para cortar los troncos y encender la vieja cocina a leña, la cuál, echaba más humo hacia la cocina que por la chimenea, para preparar el desayuno y las comidas. Manolo, se encargaba de todo lo demás, como las tareas administrativas y de servicios, buscar la barra de hielo diaria y traerla al hombro por más de quince cuadras para enfriar las bebidas, puesto que no tenían heladera eléctrica, hacer las compras del día o intentar atraer a algún pasajero en el tren que llegaba a la estación a las tres de la madrugada.
Finalmente unos años después pudieron comprar la propiedad y así comenzar con su propio emprendimiento, el cual no paró de crecer en los 35 años siguientes hasta transformarse en un gran hotel de 75 habitaciones.
Manolín, como cariñosamente lo llamaban su familia y amigos, falleció en 2003 a la edad de 86 años, dejando un vacío que aún hoy es difícil de llenar.
Josefa, también conocida como Pepita, goza de sus 92 años con una salud y vitalidad envidiables acompañada de su familia.
Hoy, sus nietos siguen adelante con el emprendimiento, intentando ser fieles a las enseñanzas que toda una vida de trabajo, honestidad y ejemplo de Manolín y Pepita les dejaron como mayor legado.

¿Cómo nace el Gran Hotel España?

... en 1948, Manuel Gómez Uría, su esposa Josefa y sus hijas María Cristina e Isabel, llegaron a La Falda... comenzaron alquilando una pequeña hostería llamada "El Gallo Negro" con sólo 8 habitaciones y 3 baños...
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